Sábado 11 – Malhechor

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Sábado 11 – Malhechor

Malhechor arrepentido. Muy de lejos del pecado, pero tan cerca de Dios

Para leer: Lucas 23:39-43

Para reflexionar:

La historia de los criminales crucificados junto a Jesús no nos deja de impactar cada vez que la meditamos: uno espera que sus pensamientos hayan sido de arrepentimiento genuino frente a la muerte, pero Mateo y Marcos nos detallan que ambos ladrones estaban injuriando a Cristo y echando acusaciones contra Él unas pocas horas antes de morir. En pocos minutos, uno de ellos pudo haberse hundido hasta el mismo infierno, pero, por más que estuviera lejos, Jesús lo encontró. He aquí la definición de misericordia: la miseria del corazón humano hallando gracia en el corazón del Salvador. ¿Qué ocurrió para que la historia dé un giro total en tan poco tiempo?

De la burla a la convicción.

En Proverbios 1:7 leemos que “El principio de la sabiduría es el temor de Dios”: aquí tenemos el principio de la sabiduría en el ladrón arrepentido. Empezó temiendo a Dios (Lucas 23:40). ¿Qué fue lo que le hizo admirar y someterse (temor a Dios) a Su Creador, que estaba ni más ni menos que a su lado? ¿Qué fue lo que convenció a este hombre de pecado si no vio milagros ni tampoco que los judíos le rindieran homenaje a Jesús?

De la convicción a la confesión.

No podemos perder de vista que cuando el Señor Jesús exclamó desde lo más profundo de su alma: «Padre, perdónalos» (Lucas 23:34), el ladrón dispuesto muy probablemente lo escuchó y quedó convencido de pecado. Conmovido por el espíritu de amor y perdón del Señor, confesó: “Nosotros merecemos morir por nuestros crímenes, pero este hombre no ha hecho nada malo” (Lucas 23:40). En medio de las tinieblas, el ladrón arrepentido tuvo fe en Jesús. No había oído ningún sermón, no había visto el cetro en las manos de Cristo ni corona en su cabeza, no había presenciado ninguna de sus obras maravillosas y, con todo, tuvo una fe maravillosa, digna de ser imitada. ¿Por qué crees entonces que el ladrón tuvo fe?

De la confesión a la libertad real.

Demos una mirada a la oración del ladrón (Lucas 23:42). Él tenía fe en Cristo y ahora le llama «Señor». Era la voz de un joven convertido: “Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” No fue una oración muy larga, pero sí una oración al rojo vivo que salía de su corazón. Solo pidió que se le recordara, pero consiguió aún más: libertad, paz, consuelo y salvación en el Paraíso, que ningún juez humano le iba a poder otorgar. A parte de sus discípulos, nadie le vio físicamente jamás a Jesús luego de su resurrección. La última vez que el mundo le pudo ver, fue cuando salvó a un pobre pecador que colgaba de la cruz, salvándolo de las mismas garras del infierno, del poder de Satanás: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Éste es el glorioso evangelio. Libre de la ley. ¡No hay condenación para los que están en Cristo Jesús!

Ante este panorama, ¿Puedes meditar por un momento qué pudo haber pasado por el corazón del ladrón arrepentido al escuchar de Jesús: “Consumado es!”?

Para orar: A cristianos y no creyentes, un famoso himno invita: “¿Te sientes casi resuelto ya? ¿Te falta poco para creer? Pues, ¿por qué dices a Jesucristo: “Hoy no. Mañana te seguiré” Vence pues el “casi” y con Cristo ven, porque hoy es tiempo, pero mañana muy tarde podrá ser”. Estamos a la distancia de una simple oración para decidirnos por Jesús y prepararnos para la bendición de Su paz y libertad por Su Salvación.

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